¿Cómo sé si soy celíaco? Estos son los síntomas y pruebas de la intolerancia al gluten

La celiaquía es una enfermedad autoinmune que provoca intolerancia crónica al gluten, una proteína presente en cereales como el trigo, la cebada, o el centeno. En los productos procesados también se puede encontrar esta sustancia como aditivo, por lo que deben leer atentamente la etiqueta, y en caso de duda, no consumirlos. El gluten desencadena una reacción inmunológica alterada que daña la mucosa del intestino delgado, causando la malabsorción de nutrientes. Se trata de una patología que afecta a los individuos predispuestos genéticamente.

«La enfermedad celíaca afecta a 1 de 100 personas en nuestro país y, aparte de que puede aparecer en cualquier momento de la vida, es crónica«, indica la doctora Marta Tejedor, responsable del Comité de Redes Sociales de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) y jefa del Servicio de aparato digestivo del Hospital Universitario Infanta Elena de Madrid. Por todo esto, »podemos decir que no es muy frecuente siempre que hablemos de los casos diagnosticados, razón por la que se la conoce como la enfermedad del iceberg«.

Los síntomas de esta enfermedad son inespecíficos, variables e, incluso, a veces, inexistentes. Los más comunes son distensión abdominal, dolor abdominal, retraso del crecimiento en el caso de los niños y, el más común, diarrea crónica. En el caso de que el daño a la mucosa intestinal sea significativo, la enfermedad cursará con déficits nutricionales. También «puede haber síntomas atípicos, como una depresión o irritabilidad y cambios en el comportamiento«, apunta la doctora.

Las personas que no presentan síntomas claros y evidentes sí pueden presentar un déficit de vitaminas y minerales, «entre los que la anemia ferropénica es el más común« junto con »problemas relacionados con la absorción de calcio« y, en los casos más graves, »puede haber una alteración del perfil hepático, incluso«, concluye la doctora Tejedor.

Todo esto hace que sus síntomas sean fácilmente confundibles con otras patologías entre las que se encuentran, por ejemplo, el Síndrome del Intestino Irritable (SII) o la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII).

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico de la enfermedad celíaca es «relativamente sencillo». Se basa en la realización de una prueba serológica de anticuerpos anti-transglutaminasa. «Estas pruebas presentan una tasa de sensibilidad y especificidad del 98%», afirma la doctora.

Por lo que, en caso de resultar negativa, «podemos descartar razonablemente padecer la enfermedad» y no se suelen realizar más pruebas salvo consideración del médico. «No es lo habitual dar negativo en el test serológico y positivo en enfermedad celíaca en otras pruebas», señala la experta.

Si la prueba serológica es positiva, se realizan más pruebas para su confirmación, como la biopsia intestinal.

Respecto al tratamiento, «el único definitivo para la enfermedad celíaca es la dieta estricta exenta de gluten de por vida», apunta la doctora Marta Tejedor. En el caso de alimentos procesados hay que fijarse siempre en que el envoltorio lleve el símbolo de la espiga barrada, ya que son los alimentos sin gluten certificados por la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE).

En este sentido, los pacientes deben tener cuidado con la contaminación cruzada y no compartir utensilios como la tostadora o las sartenes que se hayan utilizado para cocinar productos con gluten; lavar siempre los utensilios de cocina y almacenar los productos libres de gluten separados del resto. Tanto la adherencia a la dieta como el cuidado con la contaminación cruzada «son muy importantes porque no hacer esto bien a largo plazo puede llevar a inflamaciones mantenidas del intestino y provocar consecuencias muy negativas», concluye la doctora.